Día 4 (6 de enero), por Rosa Maria Hidalgo

Lluvia en Main StreetAmaneció lloviendo.  No hacía tanto frío como en los días anteriores, pero la lluvia dificultaba un poco nuestro paseo. Gracias a Dios nos habíamos salvado de ella durante tres días, pero ¡también había que ver el parque con lluvia! Terminamos de hacer nuestras maletas, revisamos la habitación para comprobar si todo estaba en orden y bajamos a desayunar. Antes de entrar en el restaurante, dejamos las maletas en consigna. Una vez terminado el desayuno, nos dirigimos al Parque Disneyland para despedirnos de él. Teníamos hasta las 16:00h, momento que tomaríamos el autobús VEA para marcharnos al aeropuerto.

Durante toda la mañana estuvimos paseando, haciéndonos fotos en aquellos rincones tan maravillosos, montándonos en las atracciones que más nos habían gustado y haciendo las últimas compras. Desde aquí quiero felicitar tanto a mi hija Isabel (de 10 años) como a mi sobrino Diego (de 12 años) por el comportamiento que han tenido a lo largo de todo el viaje. No me importaría viajar de nuevo con ellos dos. Tanto es así, que la última vez que estuve en Disneyland me quedé con las ganas de comprarme un libro llamado: “Disneyland Paris. De l’esquisse a la creation”; y si no fuera por la actitud mostrada por ellos, ahora mismo no tendría en mi casa dicho ejemplar.

Día nublado en Disneyland París

Día nublado en Disneyland París

Cuando estábamos comprando los últimos regalos, pregunté en una tienda dónde podría conseguir dicho libro. Me comentaron que en una tienda situada en City Hall podría encontrarlo. Cuando llegamos y preguntamos, el dependiente nos dijo que ya no se hacía y que hacía un año que la editorial había decidido no publicar más ejemplares. Me llevé un disgusto enorme, estaba esperanzada en poder encontrarlo aún y nos fuimos de allí. Al salir de la tienda, mi hija me dijo: -¿mamá, por qué no vamos a la tienda que tenía el libro en Disney Village? Era el lugar en el que lo habíamos visto la primera vez. Hacía viento, llovía, el paraguas se “volvía”; en fin, una odisea. Les dije que decidían ellos: si querían pasar frío, mojarse, que se les volviera el paraguas, etc… iríamos. Los dos me dijeron que sí. Tuvimos que pasar el control de la entrada a Disney Village. Guardar cola, darnos cuenta de que era mucha gente la que estaba esperando para entrar en el parque y controlar el tiempo que teníamos para volver. Al llegar a la tienda, nos atendió un chaval muy educado que me explicó que no había ejemplares del libro que yo buscaba. De nuevo “me vine abajo”, pero se acordó que la tienda guardaba un ejemplar que era el que se enseñaba a los clientes. Me dijo que si no me importaba su estado me lo podría llevar sin descuento. Me lo enseñó y lo único que tenía estropeado era la “envoltura en papel” del libro. Por lo demás, estaba bien. Conservaba el mismo precio que tenía antaño. En definitiva, lo conseguí. Todos nos alegramos. Hicimos allí más compras y nos fuimos.

Volvimos a pasar el control y nos dirigimos de nuevo al parque. Almorzamos y a las 15:18 minutos nos despedimos, con mucha tristeza y deseando volver pronto, del Parque Disneyland. Nos fuimos al hotel y decidimos descansar un poco en el hall. Nos encontramos a Mickey, al pato Donald y a Chip y Chop. Además, en el descansillo de la escalera estaba tocando un quinteto que lo hacía muy bien. ¡Era una sensación maravillosa estar sentados en el hall del Hotel Disneyland escuchando el quinteto que interpretaba canciones navideñas!

A las 16:00h nos subimos al autobús con dirección al aeropuerto. Llegamos a Sevilla a las 23:00h y a casa a las 24:00h. Aún nos quedaba una última sorpresa: saber qué le habían traído los Reyes Magos a Isabel; pero al final también lo fue para mí.

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